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¡¿Y QUÉ TIENE DE MALO?!

Por Alonso Torres Espinoza

Gritó Gabriel antes de salir de su casa y azotar la puerta. En el interior su madre lloraba desconsoladamente mientras su padre mantenía reflejado en su rostro el disgusto por lo sucedido.

La familia de Gabriel era de tradiciones, de esas en que el trabajo labrado a mano se transmitía de generación en generación, muy distinto a lo que él soñaba de vivir en la capital y descubrir un nuevo mundo.


Me llaman quiltro, es porque mis papás me recogieron. No es un gran problema el apodo, pero a veces me sorprende la cantidad de personas que lo saben.

  • Oye quiltro vinieron por ti, acompáñame.

Jeremías (su verdadero nombre) lo siguió por los pasillos de la comisaría. En la entrada, él y Gabriel se miraron fijamente.

Un silencio incómodo se rompió en el momento en que el celular de Gabriel comenzó a sonar.

  • Sí, está conmigo. No, no es necesario él está bien. Le diré.

Al salir caminaron varias cuadras hasta llegar a un bar universitario. Se sentaron en la barra y pidieron dos cervezas.

  • Venía aquí cuando estudiaba, la universidad está a dos cuadras.
  • ¿Y esto sigue igual?
  • Sí, hay cosas que no cambian…
  • Papá, no esperaba que me vinieras a buscar, no era necesario.

Las cervezas llegaron de inmediato, Gabriel levantó la jarra y tomó un largo sorbo.

  • ¿Desde cuándo que lo haces?
  • ¿Qué cosa?
  • Vamos Jeremías, ¿desde cuándo andas rayando las paredes?, no me vengas a decir que esta fue la primera vez que te atrapan.
  • La segunda.
  • Mira, comparto lo que piensas, pero creo que existen mejores maneras de expresarse que rayar una pared que solo algunos verán.
  • No me digas como hacerlo, siempre tuviste una vida privilegiada y comenzar de cero para mí no sirve.
  • Te equivocas, no fue tan privilegiada mí vida, aunque tus abuelos aún viven hubo un momento en que ellos desaparecieron. En realidad, yo desaparecí.

Fue un 25 de abril y acababa de azotar la puerta, mi madre casi se muere ahí mismo de la impresión y mi padre, él no me habló durante quince años.

¿Y sabes por qué? Yo estaba descontento igual que tú, no me veía viviendo en un pueblo y teniendo a cargo el trabajo familiar, me ahogaba la idea de vivir así y me fui. Ahí me las tuve que arreglar solo, ellos pensaron que al no tener su ayuda monetaria pronto volvería, hasta que pasaron las semanas, no volví y se dieron cuenta de que hablaba en serio.

Me costó mucho encontrar trabajo, por suerte me rodeé de gente igual a mí y nos ayudamos entre todos. Comencé a trabajar, junté el dinero suficiente hasta que di la prueba, me seleccionaron y fui pagando la universidad. Luego de un par de años conocí a tu madre, terminamos de estudiar y armamos la empresa.

Jeremías miraba concentrado su jarra de cerveza, al darse cuenta de esto Gabriel le dijo:

  • Lo que te quiero decir es que lo que quieras hacer lo vas a lograr, aunque tengas a todos en contra y comiences de cero.

Gabriel cogió su jarra de cerveza y se la terminó.

  • Aún recuerdo las palabras de tu abuelo, ese día que me fui: “¿Y esa estupidez de irte y abandonar nuestro legado vale la pena?”
  • ¿Qué le respondiste?
  • “No lo sé, pero alguien debía hacerlo”

Gabriel se levantó de su silla, dejó pagada las cervezas y con su mano sobre el hombro de Jeremías se acercó a su oído y le dijo:

  • Tu mamá quedó preocupada, no olvides llamarla.

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