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Perdón es lo Divino

Por Alexandra García

4 en punto, iniciada la sesión. Había que remontarse al problema de raíz.

En trance, anhelaba recordar cada detalle. No estaba realmente segura de qué gatillaría su memoria.

Los primeros flash fotográficos, evidenciaron una noche perdida de una realidad ya casi intangible.

1.- Una paila de huevo mal cocinada cayendo sobre el piso

2.- La música estridente de Massive Attack y un fuerte olor a comida china

3.- Haberlo confrontado, gritándole: ¡Dime algo cierto! ¡Dime algo verdadero!

Esto la conectaba con otra vieja historia, dónde quizá la única constante era la sensación visceral de haberlo arriesgado todo.

Se veía sentada en un bar Valdiviano, rodeada de mucha gente y mucho ruido de viernes por la noche. La mirada punzante de su novio de la época, que le agujereaba el cráneo desde el otro extremo de la mesa. Tanto así, que tuvo que girar la cabeza y frotarse disimuladamente, en ese giro inesperado de 180º, sus ojos se posaron sorpresiva y directamente con los ojos de un muchacho de contextura delgada que la miraba perplejo tras sus grandes lentes, que dejaban en evidencia su miopía severa.

De alguna forma inexplicable para ambos, la mirada punzante de su novio había atravesado por completo su cráneo hasta golpearlo a él también. Esa complicidad muda, se vio interrumpida por una voz seca que le avisaba bruscamente que ya era hora de partir. Sacó una valentía inimaginada para decir que no quería irse. Hubo una discusión rápida que se confundió entre los parlantes punchi-punchi y las risas crepitantes. Culminó como una estocada con un:

  • Haz lo que quieras, no me llames más tarde

Se giró sobre sus talones, y se fue sin volver la vista atrás. Se vio a sí misma bajando la cabeza, tratando de ocultar el agujero de su cráneo, de su corazón, y también el de su alma. Con las plumas mustias sonrió nerviosa, fingiendo a su público inexistente que nada pasaba. Sin embargo, su actuación inexperta fue quebrantada con una voz que se hacía lugar entre el bullicio:

  • ¿Estás bien?
  • No

Escucho que el muchacho hablaba con su amiga de al lado y le decía:

  • Toma mi billetera

Inmediatamente después, se volteó hacia ella decidido, como quién va a generar una revolución y busca su primer aliado. Me extendió la mano y me invitó a caminar.

Esa fue probablemente la mejor historia de amor que había tenido. Nunca había sentido tanta certeza.

De repente, otro recuerdo visitó su memoria, esta vez viajó más lejos. Recordó a su gran amigo de colegio, como le encantaba escucharlo hablar, verlo dibujar, la sensación de que era la persona más inteligente del mundo. Recordó las eternas llamadas por teléfono, y los planes de hacer un bar costero en las playas de Brasil, vendiendo caipiriñas y empanadas de camarón. Después, el recuerdo se iba volviendo denso y pastoso, como un derrame de petróleo en medio del mar. No quiso seguir recordando y trago saliva sonoramente.

No sabía nada de él ahora, al salir del colegio, solo quedaron los encuentros azarosos, donde quisieran o no el destino los posaba frente a frente sin nada que decir.

Años más tarde, descubrió gracias al muchacho de los anteojos que probablemente nunca había superado a aquel viejo amigo, y que su peor miedo -no ser vista- ella lo hacía ahora con él.

De alguna forma, esto también se vinculaba a su perro cocker spaniel que se perdió mucho antes que todo esto pasara y la sensación de vacío persistente que experimentaba cada vez que intentaba amar.

Su recorrido mental se interrumpió por la voz de Daniela, su psicóloga

Que la traía de regreso con un amable

  • ¿Cómo te vas Alicia? ¿Te quedas más tranquila?

2 respuestas a «Perdón es lo Divino»

Excelente narrativa, no es fácil hilar recuerdos que se vienen a la memoria desordenadamente.y llevarlas a un cuento.
Además hacerlo entretenido..a veces nostálgico…
FELICITACIONES

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