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Mago

Por Carlos Álvarez Gómez

Tenía una sonrisa preciosa, vecina. Una mirada cristalina que en poco tiempo nos cautivó a todos. Como si dejase atrás una cortina de humo con las que en un espectáculo anuncian el fascinante número principal, apareció un día su silueta desplazándose en el grisáceo paisaje de nuestra comuna, proveniente quizá quién sabe de dónde, habitante del Cosmos en tránsito contemplativo. Lo hubiera visto usted… Parecía un holograma fulgurante salpicando de colores las sombras que hace tanto tiempo acechaban la confianza, diferidos los contactos entre erráticas miradas que se evitaban. Botado ahí entre insuficientes cartones, rumiando seguramente una especie de plegaria que interrumpía a ratos para agradecer desde el alma una moneda, dura como una moneda dura, un pancito, una mirada hermanándolo con aquel transeúnte que lo observa anonadado en medio del tráfago sin saber exactamente por qué. Agradecía con el corazón, con todo su ser. Mesaba su barba frondosa y desaliñada como si acariciase a una delicada mascota. Aun vestido de sobras, supo arroparnos a todos de cariño, de una alegría honda, espiritual, de una certidumbre mística que ha modelado una clara convicción colectiva. Desde su arribo al barrio no seguimos siendo los mismos. Nadie pudo soslayar aquello que sembraba en nuestra conciencia, su inmaterial legado. Sé que parece exagerado, que puede ser un poco difícil de entender o de aceptar, pero es totalmente cierto. Créame, para los niños era como un abuelo. Entusiastas pedían a sus padres llevarlos ante su presencia, regalarle parte de sus dulces como si de un par se tratase, reír con él y su chispeante sentido del humor, su mágico sentido del amor. Era un hombre tan especial… Estoy seguro que era más pleno y feliz que cualquier otra persona en esta ciudad, en el país, en el mundo. Para los adultos, el magnetismo era muy similar. Muchas veces una especie de aforismo esférico y luminoso solía sorprendernos al pasar, algo que llegaba a lavar arcanos pesares de forma tan precisa como el acierto de un dardo que soltaba una tinta misteriosa que de modo inenarrable despejaba el pecho. Respirábamos un nuevo aire. Conocía, sin duda, la perfección, la sabiduría. No somos pocos los que pensamos que conocimos a una suerte de mago, de profeta, que vino regalarnos sentido, a nosotros, tan necesitados. Por eso vecina, esperamos que esté de acuerdo en mantener este pequeño recuerdo que hemos levantado a un costado de la que es ahora su casa. Pensamos que al desaparecer del modo súbito en que lo hizo, quiso sorprendernos y, en su lenguaje didáctico, darnos un mensaje que aún no logramos interpretar del todo. Será esta simulación de una pequeña casa, en pie donde él se acostaba, memoria para aquel ser divino que vino a transformar de modo tan bello nuestro modo de ser, estar y relacionarnos en la vida.

Recuerdo aquel primer día que lo vi. Me sorprendió cruzar con su mirada, como si inhalase de pronto el aire frío y mentolado de la verdad ante mí. ¡Tenía una sonrisa preciosa! El tema a considerar no es la falta de dientes, ni los labios partidos y rojizos por el vino tinto, ni los andrajos sucios… sino que ¡tenía una sonrisa preciosa!

… a pesar del mundo y su mueca

                              … a pesar de su tarro vacío.

49 respuestas a «Mago»

Se agradece en estos tiempo de pandemia. Tener una buena lectura para tomar un aire afuera con la imaginación.
Muy bueno.

Excelente narración… logra atrapar al lector y configurar un afecto especial por «mago», que perfectamente puedes ser tú.

Una narración excelente, qué cautiva desde el principio y qué nos deja cómo mensaje qué la magia existe en una persona especial cuándo tenemos la capacidad de mirar más allá de lo que los sentidos nos muestran.

El apelativo más cercano es «Excelente», me elevo imaginando cada palabra y dibujando en mi mente cada párrafo…innegable hay que leer y que rico es hacerlo cuando se encuentra tal riqueza en un texto que te lleva a soñar y a ver un poco más allá … muchas gracias «Mago» por compartirlo y muchos éxitos.

Hermoso relato breve de una persona de la calle como hay tantos hoy día. Felicitaciones Carlos. Ojalá ganes el concurso.

Me encantó el cuento, me recordé de varios personajes que ya no están y que acompañaron nuestra juventud y hoy vejez y seguramente deben estar en alguna estrella que en las noches brilla con intensidad.

Hermoso y a la vez, crudo relato de los seres invisibles, que en esta historia fue más visible que aquellos que lo rodeaban. Se vive y se siente la atmósfera del cariño al Mago. Bello y emotivo.

Me encantó tu cuento. Un jardín precioso y preciso en el lenguaje y el contenido la más bella reflección., de una sutileza impresionante. Te felicito.

Te felicito.
Un cuento para reflexionar.
Me encantó.
Debes ganar este concurso porque te lo mereces.
Reitero mis felicitaciones.
Un abrazo cariñoso.

¡¡¡Excelente!!!
Me recordó al principito; » lo esencial es invisible a los ojos.»
Hermosa narrativa ¡¡congrarulaciones.!!

Muy hermoso relato, quizá algunas palabras un poco rebuscadas teniendo en cuenta que el Mago es un ser sencillo. Lo que rescató sí y me hace reflexionar es que detrás de muchas personas que pasan desapercibidas y que muchas veces las miramos con desdén ,tienen un valor espiritual incalculable.
Felicitaciones y espero sigas en ésta senda.

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