Categorías
Literatura

Los Debutantes

Por Erik Varas

 Fue en el 92, Chasqui, Mota, Cura y yo Piojo, el lote de los cuatro,  (y cuatro es un número cinematográfico, nacido el cuatro de julio, cuatro bodas y un funeral), cuatro quinceañeros con caras de lauchas llegados del campo para cursar la enseñanza media en la ciudad, el liceo de hombres, y cumplir esas expectativas tan clase media, tan medio pelo, de candidatos deshabitados a un arribismo aspiracional.

            Fugarse un par de horas del internado era la entretención preferida y la más barata para engañar el hambre y el encierro. Sus cigarros sueltos, un paquete de papas fritas compartidas, una vuelta al centro o el joteo a la niñita prepo de colegio cuico – fantasía pajera de liceano perejil-. Nuestro presupuesto semanal era exiguo y las expectativas de gastos aún pertenecían a la infancia rural, por lo que vivíamos en un equilibrio proporcional a nuestra condición. Por otro lado, cada fuga o escapada requería de un plan maestro de retorno, es decir, volver al internado sin levantar sospechas por la ausencia, ser descubiertos implicaba fuertes sanciones y la severidad era el pan con que se alimentaba la formación del estudiante interno, el rebelarnos contra eso significó el inicio de nuestra propia educación sentimental. Desde el punto de vista del confinamiento, si bien no era un régimen ni penal ni condenatorio, era más que una jaula simbólica era una mutilación de la inocencia. Toda esta ecuación de fugas y regresos sucesivos fueron sin duda ejercicios de maestría demencial, fugarse para volver a la «prisión» voluntariamente contradice todas las leyes naturales del escapismo, por ejemplo, se imaginan a Tim Robbins en «Sueños de Libertad» planear por tanto tiempo esa fuga maestra para después regresar como si nada o a Clint Eastwood en «Fuga de Alcatraz» reculando al final: imposible!!! Bueno, con los años perfeccionamos tanto nuestro método que lo practicábamos a diario, casi por deporte, por eso no me extrañó después de egresados que varios de nosotros viviéramos siempre cómo escapando de algo. Precisamente fue durante una fuga, de regreso, cuando nos percatamos en una muralla del liceo tapizada con una pareja de jóvenes en pelotas, la atracción fue magnética, «Palomita Blanca» se estrenaba después de casi veinte años de censura militar, y aunque poco nos importaba la historia y producción de la película decidimos que asistiríamos como fuera, para los cuatro también era nuestro debut frente a la pantalla grande. Esa noche cada uno recreó su propia versión porno de «Palomita Blanca». Al otro día resolvimos los inconvenientes: la categorización cinematográfica era para mayores de 18 años, en eso fuimos prácticos, cómo ya éramos unos iniciados en el arte mañero de aparecer y desaparecer, es decir, ser invisibles, nos las arreglaríamos en la entrada al cine. En cuanto al dinero lo solucionamos vendiendo algunos libros usados en la librería del «Jota» o en el «Arca de Noé”.

               Llegó la hora del estreno y nuestro debut, el cine estaba atiborrado de universitarios engrupidos que se reproducían en serie, melenas y barbas, chalecos y morrales de lana, polleras y sandalias, así pasamos piola entre esa multitud súper volada. Me correspondió sentarme en la fila 7 butaca 13, entre Mota y unas universitarias bien potables, tal vez un presagio de mi suerte futura. La película empezó puntual y a pesar de la nube de marihuana y un cotorreo atómico, ahí estábamos cuatro liceanos por simple cuestión de porfía con nuestras miradas excesivas puestas en la pantalla, esperando la escena por la que daríamos los ojos, y la mejor interpretación de una premeditada torpeza adolescente como polillas traslúcida dueños de una claridad desconocida que con descaro exploran en el reflejo un mensaje incomprensible entre los espectadores.

            Ese día quedamos sin cena, y fuimos suspendidos por dos semanas, pero no importaba, ese día el interior se asomó como transposición de lo imaginado.

2 respuestas a «Los Debutantes»

Muy buena historia sobre el internado del liceo. Relata fielmente lo que sucede en este ambiente y me hizo recordar esos lindos momentos de juventud. Felicitaciones Erik.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *